El pasado domingo día 15 mi hermano pequeño cumplía años.
Un domingo distinto. Salida de guardia de sábado. Otros domingos, la mayoría en período escolar, me daba toda la prisa del mundo para celebrar bien el domingo: la misa de la familia, los cortos, las estrelladas #patatasBlas. Pero ese no tenía prisa.
El tiempo, ahora, pasa rápido para algunos y demasiado lento para muchos.
Un domingo distinto de sol a sol. Un domingo con el sol, él solo, ahí fuera.
Ese domingo empezó de la mejor manera posible. Con mi mujer, mi mitad larga de naranja, entrando y embuchada en un traje para recibir a todo quien lo necesite en Urgencias. Ahora multitud.
Por la tarde llamé a mi hermano. Me costó el tiempo de silencio sin coro, la larga espera para pedir un corto o la cola de Blas.
Entonces saltaron por los aires toda la frustración, las quejas y la denuncia de haber llegado tan mal a estos momentos…imprevisión, irresponsabilidad, desgobierno, desinformación, desamparo, tristeza. Con mi cuerpo aquí, pero pensando en la vida que se nos puede ir detrás de las medidas de aislamiento de mi mujer. Y como ella de muchos más, en mi amado Madrid, aquí al lado.
Todos los sueños de los que cuidamos la sanidad se hunden en unos trajes para evitar el contagio. Para vivir y ayudar a vivir a unos cuantos. No hemos sentido en muchas ocasiones que el sistema devolviera siquiera una parte de los esfuerzos que hacemos para seguir viviendo. Ahora esa recompensa es llamarnos héroes. Ahora sí, con palmaditas.
Hablamos de futuro, y de resignación. Me callé que somos humildes. Que nuestras posibilidades de curar a muchos no depende de nosotros. Ahora algunos tendremos que dar pasos, tomar decisiones, que no tendríamos que tomar. No nos merecemos dar tantas malas noticias. Aunque muchos decimos y nos emplazamos al momento en que «saldremos de ésta». Saldremos.
Ese día, tras un buen rato de tristeza, enfado, resignación, algo de esperanza, decidimos hablar otro día.
El año que viene sí que te dejaré soplar las velas. Ya sabes que los hermanos mayores soplamos esas velas para que se cumplan los deseos del pequeño. También te dejaré que soples las mías. Seguro que con el mismo deseo.
